LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD – JEFF FOSTER

LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD – JEFF FOSTER

Extracto de un diálogo con Jeff Foster

 

¿Te importaría contarnos cómo fue para ti la experiencia de despertar?

Siempre se está produciendo.

Pero tuvo que haber un instante en el que se produjera.

Después de muchos años de una intensísima búsqueda espiritual, es decir, después de años de meditación, de auto-indagación y de un cuestionamiento permanente, me di cuenta de que lo único que sentía era desesperación y frustración. Yo quería experimentar ese despertar y esa iluminación de la que tanto se hablaba en todos los libros que había leído. Ansiaba la paz pero era como si no consiguiera alcanzarla nunca. Sin embargo, por aquel entonces, yo era incapaz de darme cuenta de que un “yo” diferenciado andaba buscando todo eso. Yo quería despertar e iluminarme, pero eran cosas que quería para “mí” y ese “mí” era justamente un lastre. Tenía la sensación de ser un sujeto concreto que extendía sus raíces hasta el núcleo de mi propia frustración. Intentaba servirme del “yo” para acabar con el “yo”; intentaba servirme de los pensamientos para acabar con ellos. Estaba perdido en ese círculo vicioso de la mente: buscar el fin de la búsqueda se había convertido en la mayor búsqueda de todas.

 

“Buscar el fin de la búsqueda se había convertido en la mayor búsqueda de todas.”

 

En cualquier caso, eso se agotó a sí mismo. Uno no puede despertar. Yo no puedo despertar, porque no existe ninguna persona despierta. Esto ya está completamente despierto. En realidad, sólo existe este “estar despierto”. Es el individuo, la persona, quien se cree que es un ente desligado de Esto y, a causa de esa separación, busca un despertar, pero lo único que consigue con esa búsqueda es reforzar la sensación de individualización de la persona.

Entonces, el individuo se pregunta: “¿Cuándo voy a despertar?”, ¡como si fuera algo que le pudiese suceder al “yo”! Tú no eres más que un pensamiento: ese individuo, despierto o no, sólo es un pensamiento que brota ahora mismo. Toda tu vida, toda tu historia personal, tu pasado y tu futuro, no es más que un pensamiento, y un pensamiento no necesita despertar. Ese pensamiento brota en la Unidad. El proceso de ver eso es de una claridad tal que ningún “individuo” la podrá alcanzar jamás.

Nunca se encontrará una respuesta a la pregunta: “¿Cómo puedo despertar?”. La búsqueda espiritual es la búsqueda de respuestas. Cuando se ve que el individuo que plantea las preguntas no es más que un pensamiento, se desvanecen tanto el pensamiento como las preguntas. Es como lanzarse al territorio del “no conocer”.

Lo cierto es que ese “estar despierto” es la respuesta a esa pregunta. Es la Unidad la que la plantea, no tú. La Unidad misma está planteando ahora mismo la pregunta: “¿Cuándo alcanzaré la Unidad?”. ¡Es la Unidad disfrazada de “ti”, simulando querer respuestas a tus ensoñaciones disfrazadas de pregunta!

Pero, cuando se desvanece la identidad, se desvanece en un instante, ¿no?

Eso es lo que impulsa la búsqueda: la idea de que existe un instante en que uno se despierta. Entonces, buscamos ese instante y nos preguntamos: “¿Cuándo va a llegar ese instante en que se desvanece la identidad?”.

Cuando se produjo ese ver con claridad, ¿se produjo en un instante? A mí, al menos, siempre me lo han descrito así…
Está más allá del tiempo. En realidad, lo que yo andaba buscando era eso: un momento en que todo se desvaneciera pero, mientras lo buscaba, seguía existiendo un “yo” individualizado que lo buscaba. Mientras existiese ese “yo” individualizado que lo buscaba, habría frustración. Estaba encerrado en un mundo de tiempo y espacio. Cuando estaba sumido en esa frustración, todo se abrió por completo.

Entonces, estabas sumido en la frustración y, de ahí, pasaste a ver con claridad.

¡Sí, pero lo que se vio era que lo único que llevaba existiendo desde siempre era ese ver con claridad!

Ver con claridad es lo único que sucede. Esto está brotando ahora mismo en ese ver con claridad, pero puede quedar oculto, en apariencia, por el juego de la búsqueda. Cuando se desvanece el juego de la búsqueda, se revela ese ver con claridad, que es omnipresente. Podríamos decir que es una especie de broma cósmica. La Unidad está totalmente presente ahora mismo pero no podremos verla si la estamos buscando. Aun así, ese juego de la búsqueda representa su papel hasta que se acaba, y la idea de que uno puede elegir entre diversas alternativas constituye el único sufrimiento que hay en todo esto.

 

“La Unidad está totalmente presente ahora mismo pero no podremos verla si la estamos buscando.”

 

Aunque no exista un sujeto diferenciado, esta experiencia de estar aquí resulta innegablemente real. ¿Es esa sensación también una capa de conceptos?

Es evidente que, en cuanto hablamos de eso, utilizamos conceptos: podemos llamarlo Unidad, aquí, ahora o con cualquier otro nombre. Sin embargo, no es una cuestión de palabras. Lo puedes llamar como quieras: es lo único que existe.

Exactamente, lo único que existe es ese estar despierto.

Sí, también podemos llamarlo estar despierto. En todo caso, el individuo que lo busque nunca lo encontrará porque nunca lo ha perdido. Es algo que está ahí desde sus orígenes.

Es lo que el individuo siempre ha sido.

Así es, desde el primer instante.

Muchos dicen que las prácticas espirituales no sirven de nada porque ese sujeto que supuestamente las realiza no existe. ¿Dirías tú que, cuando se produce esa visión absolutamente clara, se debe a la gracia?

En cuanto nos ponemos a hablar de eso, la mente se entromete y se pregunta cuándo se va a derramar la gracia. Es gracia desde el punto de vista de que es libre, de que es algo que no se puede tener, que no se puede poseer. Es algo que surge ahora mismo a borbotones —de las paredes, del techo, de la silla— pero que, en el momento en que lo deseas, es imposible poseer.

Con respecto a las prácticas espirituales, no estamos hablando de la obligación de abandonarlas. Desaparecen por sí solas. Ahora bien, se puede ver Esto y continuar con las prácticas espirituales, aunque pierden ese matiz de seriedad y recuperan su aspecto de gozo. Todo recupera ese deleite porque a todo se le permite ser, con total plenitud. Por tanto, a las prácticas espirituales se les permite ser prácticas espirituales, sólo que ya no existe un sujeto ahí, que intente alcanzar algo con ellas.

Ése es, probablemente, el motivo por el que hay iluminados que siguen realizando prácticas espirituales y otros que no, ¿verdad?

Sí, pero es imposible saber qué pasará: todo se desarrolla por impulso propio y cuando le corresponde. Sin embargo, puede que este mensaje se entienda desde esa perspectiva: como no hay nada que alcanzar, hay que dejar las prácticas. Eso sería malinterpretarlo todo.

Ese argumento también se me ha pasado por la cabeza: si no hay nada que obtener, ¿qué debo hacer?, ¿qué puedo hacer? Parece una paradoja.

Sí, hay gente que denomina a este dilema entre realizar o no prácticas espirituales el debate entre el advaita tradicional y el neo-advaita. ¿Qué hay que hacer?, ¿seguir las tradiciones o ignorarlas? Si todo es perfecto, ¿qué se puede hacer? Si esto es lo que hay, ¿qué sentido tiene realizar prácticas espirituales?

Sin embargo, hay que destacar que todas esas cuestiones son fruto de una absoluta falta de comprensión de lo que indica la palabra advaita.

No es que no puedas hacer nada y no es que tengas que dejar de hacer lo que estás haciendo, porque ésa es otra manera de interpretar todo esto. La cuestión es que no existe ningún “tú” capaz de escoger entre una cosa y otra.

Dicho de otro modo, Esto se desarrolla por sí solo, desde siempre. Por tanto, el motivo por el que no recomiendo determinada práctica espiritual es porque no sé: no sé qué es lo mejor para ti y, además, tú ya tienes las prácticas que necesitas.

 

“A las prácticas espirituales se les permite ser prácticas espirituales, sólo que ya no existe un sujeto ahí, que intente alcanzar algo con ellas.”

 

Es Esto.
Es Esto. La Unidad no se puede practicar y, cuando se ve con claridad, todas estas historias se esfuman. Si quieres, lo puedes llamar “despertar”.

Ésa es la razón, la única razón, por la que no recomiendo prácticas determinadas. También es la razón por la que nunca le diré a nadie que deje sus prácticas. ¡No tienen otra alternativa! En mi caso, las prácticas se desvanecieron cuando quedó claro que no existía ningún sujeto que realizara esas prácticas: yo pasaba horas sentado, meditando, y me preguntaba constantemente: “¿Quién demonios está haciendo todo esto?”; mi auto-indagación estaba centrada en esta pregunta: “¿Quién demonios está haciendo esto?”. Nunca encontré a nadie que hiciera todas esas cosas: tal vez las prácticas acaban conduciendo a eso.

Por tanto, las prácticas suelen desvanecerse por sí solas… aunque no siempre. Aquí no hay una única receta: no hay forma de saber qué pasará cuando se vea Esto. La verdad es que Esto siempre es la práctica. Si estás haciendo algo es que ésa es la práctica necesaria en ese preciso instante.

Todo se está desarrollando ahora mismo por sí mismo, es decir, Esto ya está haciendo prácticas a través de ti. El Milagro ya está sucediendo y la visión clara de eso acaba con todo ese debate entre el advaita tradicional y el neo-advaita, debate que no deja de ser otro juego intelectual que utiliza la mente para mantenerse viva.

¡Cómo le gustan a la mente todos esos juegos intelectuales! ¡Cómo le gusta a la mente tener razón! ¡Es tan ingenua que le encanta aferrarse a sus tradiciones, a sus religiones, a sus creencias, y criticar a quienes no hacen lo mismo!

Todo está en su plenitud: Esto no se parece en nada a como hubieses podido imaginar que era. ¿A quién se le habría ocurrido pensar que el despertar sería Esto? ¿A quién se le habría podido ocurrir?

 

Cada vez que oigo eso, me pregunto: “Entonces, ¿qué diferencia hay? Es decir, si no hay nada entre tú y yo… Los maestros suelen decir: “Soy lo mismo que tú”. Bien, entonces, ¿qué diferencia hay?
Esa pregunta se ha esfumado. (Se oyen algunas risas.) ¡Nunca encontré respuesta a esa pregunta! No tiene respuesta. (Más risas.)

Esto es igualdad absoluta. No hay más que Unidad, y en esa Unidad surgen distintas historias: la de Jeff, la de Juan, la de María… A eso juega la Unidad: a desempeñar el papel de distintos personajes. Nosotros somos a lo que se juega. Nosotros somos lo que juega.

Cuando hay Unidad, ¿qué le sucede a la mente?

Cuando decimos “mente”, sólo estamos aludiendo a pensamientos, a pensamientos que surgen en este momento. Eso es lo único que hay: no existe ninguna entidad tangible llamada “mente”, sólo se trata de una forma de entenderse. En ese sentido, a la mente no le sucede nada. Desde otro punto de vista, los pensamientos quedan liberados: se ve que no son algo propio y, entonces, desaparece todo el sufrimiento que conllevaban.

Me refería a lo que sucede con la capacidad de hablar y de resolver los problemas.

¡Ah! Pues, bien, es alucinante. Las cosas se hacen sin esfuerzo, tal y como sucede de por sí: no existe ningún sujeto concreto que se despierte por la mañana, que se levante de la cama o se lave los dientes. De hecho, todo eso se hace por sí solo. No hay ningún sujeto que vaya de tiendas o a trabajar. (Se oyen algunas risas.)

Por tanto, hay de por sí una ausencia absoluta de esfuerzo, justo en el núcleo de la vida y, cuando no se busca nada, todo vuelve a recuperar su cadencia natural. ¡No me preguntes cómo!

 

“Los pensamientos quedan liberados: se ve que no son algo propio y, entonces, desaparece todo el sufrimiento que conllevaban.”

 

¡Qué liberación!

Es una liberación absoluta. De repente, te ves en una tienda, te ves en el trabajo, te ves lavándote los dientes. Es un descubrimiento constante: hoy me encuentro con que estoy aquí, haciendo esto… ¡o, al menos, eso parece! (Todos ríen.)

Sin embargo, incluso el hecho de decir que me veo haciendo esto es mentira. Sólo veo Esto que se está haciendo a sí mismo. Yo no estoy por ninguna parte. Sólo soy un cuento.

Esto es una maravilla permanente. Entonces, se acaban las preguntas del estilo: “¿Quién hace esto? ¿Lo estoy haciendo yo? ¿Quién se encarga de todo esto? ¿De dónde sale todo esto?”. Todas esas cuestiones se desvanecen y lo único que queda es dejarse llevar por lo que hay. Se trata de una especie de confianza, pero no de una confianza que se tenga voluntariamente.

Esto no es una forma de comprender las cosas intelectualmente: es cómo se vive, cómo se siente. Se siente que no hay esfuerzo alguno. Se siente que Esto se desarrolla por sí mismo. Además, no hay nadie, ningún sujeto, que sienta nada de todo esto; es como es y punto.

Con todo, si me haces una pregunta, te contaré un cuento normal y corriente.